Sección 2

La mitad de los síntomas los describe alguien más.

La apnea tiene dos caras: lo que ocurre de noche, que casi siempre reporta la pareja, y lo que se siente de día, que el paciente sí percibe pero rara vez relaciona con el sueño.

De noche

Si duerme acompañado, pregunte. Si duerme solo, muchos teléfonos permiten grabar audio durante la noche, y eso a veces resuelve la duda.

Ronquido

El síntoma más conocido, y el menos específico

Fuerte, habitual, con frecuencia audible desde otra habitación. Lo característico en la apnea no es el ruido continuo, sino el ronquido que se interrumpe y luego regresa de golpe.

Pausas presenciadas

El dato de mayor peso

Que alguien haya visto que usted deja de respirar es uno de los indicios más fuertes. Suele describirse como un silencio incómodo de varios segundos que termina en un ronquido brusco o un jadeo.

Despertares con ahogo

Cuando el microdespertar sí se recuerda

Sensación de asfixia o de falta de aire al despertar de golpe. No siempre ocurre, pero cuando ocurre es difícil de olvidar.

Sueño inquieto

Movimiento sin descanso

Cambios constantes de posición, sábanas revueltas, sudoración nocturna. El cuerpo se mueve porque el cerebro lo está despertando una y otra vez.

Levantarse al baño

Nicturia

Dos o más veces por noche sin causa urológica que lo explique. La caída de oxígeno y el esfuerzo respiratorio estimulan la producción de orina. Es un síntoma frecuente y casi nunca se atribuye al sueño.

Reflujo nocturno

Acidez al acostarse

El esfuerzo por respirar contra una vía cerrada genera una presión negativa dentro del tórax que succiona contenido del estómago hacia el esófago.

De día

Estos síntomas se instalan poco a poco, a lo largo de años. Es común que la persona los haya normalizado y solo reconozca la diferencia después de empezar el tratamiento.

Cansancio no es lo mismo que somnolencia. Cansancio es falta de energía; somnolencia es dificultad para mantenerse despierto. La apnea produce las dos, pero la somnolencia es la que más orienta al diagnóstico y la que más riesgo implica. Vale la pena distinguirlas cuando lo describa en consulta.

En mujeres se ve distinto

La apnea se diagnostica menos en mujeres, y no solo porque sea menos frecuente. También porque se presenta de otra forma y no encaja con la imagen mental que se tiene de la enfermedad.

En lugar de ronquido estruendoso y somnolencia franca, es más común el insomnio —despertar de madrugada sin poder volver a dormir—, la fatiga, el dolor de cabeza matutino, el ánimo bajo y la ansiedad. Con frecuencia esos síntomas se atribuyen a depresión, a estrés o a la menopausia, y la apnea de fondo no se busca.

El riesgo aumenta de forma clara después de la menopausia, cuando la protección hormonal desaparece y la frecuencia se acerca a la de los hombres.

En niños es otra cosa

Un niño con apnea rara vez tiene sueño durante el día. Suele mostrar lo contrario: hiperactividad, irritabilidad y problemas de conducta o de rendimiento escolar. También respiración por la boca, sudoración nocturna abundante, posturas raras al dormir con el cuello extendido, y a veces reaparición de la enuresis después de que ya había control de esfínteres.

La causa más frecuente es el crecimiento de amígdalas y adenoides. Si un niño ronca todas las noches, amerita valoración: en la infancia esto se corrige y las consecuencias sobre el desarrollo se evitan.

No espere a la próxima cita

Cuándo buscar atención sin demora

  • Si se ha quedado dormido conduciendo, aunque hayan sido unos segundos, o si ha tenido que orillarse por sueño.
  • Si conduce transporte público, de carga, u opera maquinaria, y siente somnolencia durante su jornada.
  • Si despierta con dolor en el pecho o con falta de aire que no cede al incorporarse.
  • Si tiene apnea conocida y aparecen palpitaciones o latidos irregulares.
  • Si su presión arterial está descontrolada pese a tomar tres o más medicamentos.
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