El problema no está en el pulmón. Está en la garganta.
Es la confusión más común, y aclararla cambia cómo se entiende todo lo demás.
Lo que ocurre cada noche
Al dormir, los músculos de todo el cuerpo se relajan. Los de la garganta también. En la mayoría de las personas esa relajación no tiene consecuencias: el conducto por donde pasa el aire se estrecha un poco, pero sigue abierto.
En quien tiene apnea obstructiva, ese conducto se estrecha lo suficiente para que el aire empiece a pasar con dificultad —eso es el ronquido— y en algún momento se cierra por completo. El pecho sigue haciendo el esfuerzo de respirar, el diafragma sigue trabajando, pero no entra aire. Es como intentar respirar con una manguera pinzada.
Por qué usted no se entera
Cuando el aire deja de entrar, el oxígeno en la sangre empieza a bajar. El cerebro lo detecta en cuestión de segundos y reacciona de la única manera que le sirve: lo despierta. No lo despierta del todo —usted no abre los ojos ni recuerda nada—, sino apenas lo suficiente para que los músculos de la garganta recuperen tono y el conducto se vuelva a abrir. El aire entra de golpe, con frecuencia acompañado de un ronquido fuerte o un ahogo.
Ese despertar brevísimo se llama microdespertar. Dura segundos y no deja recuerdo. Por eso la persona con apnea está convencida de que durmió de corrido, y por eso casi siempre es la pareja, y no el paciente, quien describe lo que realmente pasa.
Y entonces todo vuelve a empezar. Los músculos se relajan otra vez, la garganta se cierra otra vez, el oxígeno baja otra vez.
Las dos consecuencias de fondo
Todo lo demás que va a leer en esta guía se explica por dos hechos que ocurren cada una de esas veces.
El sueño se rompe
Dormir no es una sola cosa. El sueño avanza por etapas, y las profundas —incluido el sueño de sueños, el REM— son las que reparan y consolidan la memoria. Cada microdespertar regresa al paciente a una etapa superficial.
El resultado es un sueño de mala calidad, aunque su duración sea normal. De ahí el cansancio al despertar, la somnolencia diurna y las fallas de concentración.
El oxígeno baja y sube
Cada evento produce una caída de oxígeno seguida de una recuperación brusca. Este vaivén, repetido cientos de veces por noche, activa el sistema de estrés: se libera adrenalina, sube la presión arterial y el corazón trabaja de más.
Por eso la apnea no es solo un problema de descanso. Es también un factor de riesgo cardiovascular y metabólico.
Apnea obstructiva y apnea central: no son lo mismo
Casi toda la apnea del sueño es obstructiva: el cerebro ordena respirar, el pecho hace el esfuerzo, pero la vía aérea está cerrada. Es la que trata esta guía.
Existe también la apnea central, mucho menos frecuente, en la que el problema es el opuesto: el cerebro deja momentáneamente de enviar la orden de respirar, y por eso no hay ni esfuerzo ni entrada de aire. Aparece sobre todo en personas con insuficiencia cardiaca, tras un evento vascular cerebral, en quienes toman opioides o al dormir a gran altitud. Se distingue de la obstructiva en el estudio de sueño, y se trata distinto.