El IAH es el número que todos miran. No es el único que importa.
Un reporte de estudio de sueño tiene decenas de cifras. Estas son las que conviene entender, en orden de importancia.
El índice de apnea-hipopnea
Abreviado IAH, o AHI en inglés. Indica cuántas veces por hora dejó de respirar por completo —apnea— o respiró de forma claramente insuficiente —hipopnea—. Es la cifra que define la gravedad.
| IAH | Categoría | Qué suele implicar |
|---|---|---|
| Menos de 5 | Normal | Sin apnea del sueño significativa. Si hay síntomas, se buscan otras causas. |
| 5 a 15 | Leve | La decisión de tratar depende de los síntomas y de si hay enfermedad cardiovascular asociada. Con frecuencia se empieza con medidas conservadoras o dispositivo oral. |
| 15 a 30 | Moderada | Habitualmente se indica tratamiento activo, con frecuencia presión positiva. |
| Más de 30 | Grave | Tratamiento indicado sin demora, aunque haya pocos síntomas, por el riesgo cardiovascular asociado. |
El oxígeno
Dos personas con el mismo IAH pueden tener pronósticos muy distintos según lo que haya pasado con su oxígeno. Por eso este apartado del reporte importa tanto como el índice.
Saturación mínima
El punto más bajo que alcanzó durante la noche. Una saturación normal en vigilia está por encima de 94 %. Caídas por debajo de 80 % indican eventos profundos y añaden urgencia al tratamiento.
Tiempo por debajo de 90 %
A veces aparece como «T90». Mide cuántos minutos pasó con el oxígeno bajo, y refleja mejor la carga total que un único valor mínimo. Es uno de los datos que mejor se relaciona con el daño cardiovascular.
Índice de desaturación
El «ODI»: cuántas caídas de oxígeno hubo por hora. Cuando el estudio no mide el sueño, este índice suele acompañar al IAH como respaldo.
Saturación promedio
Un valor bajo de forma sostenida durante toda la noche, y no solo en los eventos, sugiere que además hay un problema pulmonar o de ventilación de fondo que conviene estudiar aparte.
Tres datos que cambian el tratamiento
Si los eventos ocurren sobre todo boca arriba
Se llama apnea posicional. Es frecuente, y se define cuando el índice boca arriba es al menos el doble que en otras posiciones. Cuando existe, evitar dormir en esa posición puede reducir el índice de forma sustancial y a veces cambia por completo la estrategia de tratamiento.
Si hubo eventos centrales
El reporte los separa. Una proporción pequeña es normal, sobre todo al quedarse dormido. Pero una cantidad importante orienta a otro problema —insuficiencia cardiaca, opioides, altitud— y el tratamiento es distinto. También pueden aparecer al iniciar la presión positiva, fenómeno conocido como apnea central emergente, que suele resolverse con el tiempo o ajustando el equipo.
Cuánto durmió realmente
Solo la polisomnografía lo mide. Se reporta como eficiencia del sueño: el porcentaje del tiempo en cama que efectivamente durmió. Si es muy baja, el IAH puede quedar subestimado, y ese dato debe considerarse al interpretar el resto.
Cuando el resultado no encaja
Ocurre, y no siempre significa que el estudio esté mal.
- Síntomas claros con IAH bajo. Puede tratarse de un estudio en el que durmió poco, de una noche no representativa, o de un síndrome de resistencia de la vía aérea superior: hay esfuerzo respiratorio y microdespertares sin que lleguen a contarse como apneas. También hay que descartar otras causas de somnolencia.
- IAH alto sin síntomas. Más común de lo que parece. Muchos pacientes llevan tanto tiempo durmiendo mal que ya no tienen con qué comparar. El tratamiento sigue indicado por el riesgo, y con frecuencia reconocen la diferencia después.
Guarde su reporte completo
- Pida el estudio completo, no solo la hoja de conclusiones.
- Consérvelo: es la referencia con la que se compararán los estudios futuros.
- Si cambia de médico o de ciudad, llévelo. Evita repetir el estudio sin necesidad.